BIOLOGÍA

María Jesús Blázquez: una bióloga a contracorriente

Ver parir a una vaca cuando era niña le permitió comprender que parir es un acto natural. El haber sido una niña de pueblo y que su madre la alumbrara en casa también influyó en su manera de entender la vida. María Jesús Blázquez, bióloga y catedrática de instituto durante 37 años, también dio a luz a sus hijos en su hogar. Acaba de publicar un libro en el que es capaz de desmontar la teoría de Darwin y argumentar las bases de la nueva biología.

El Instituto. Huellas y semillas. La huella de aquellos años. ¿Semillas para el futuro? es el título de su publicación y está dedicado a todos sus alumnos y a aquellos que han elegido la docencia por vocación. La razón de su libro es, como ella asegura, la “insistencia” de muchos de sus estudiantes en “la huella” que sus clases había dejado en ellos. “Les invité a escribir sobre esa huella y esos recuerdos y así, poco a poco, he ido reuniendo unas cuarenta historias”, explica Blázquez.

Entusiasmada con el proyecto, cuenta que el libro recoge una memoria de actividades desarrolladas dentro del ámbito escolar, que hace más de treinta años se consideraban alternativas como, por ejemplo, “técnicas de relajación, cuidar un huerto, o bailar en el recreo”. Estas prácticas se han normalizado y suelen incluirse como parte de la enseñanza actual.

Con un espíritu libre y crítico, María Jesús Blázquez rechaza el modo de vida tanto en los trabajos como en los colegios. Su voz, cálida y amable, no pierde firmeza al denunciar la fuerte competitividad a la que la sociedad está acostumbrada, y afirma rotunda: “la vida se sostiene por el funcionamiento conjunto y la cooperación”. Y añade: “lo mejor de todo es que estamos conectados y tenemos un cuerpo electromagnético, o energético, o biocampo”.

Su manera de ver la Biología y la vida es opuesta a la teoría de Darwin. Sonríe y se atreve a desmontar el Origen de las Especies: “la nueva biología derriba el viejo paradigma neodarwinista, basado en la selección natural y en la supervivencia de los más aptos”. Un modelo que, según la bióloga, se sigue sosteniendo porque “justifica los atropellos del sistema capitalista y del mundo de hoy”. Licenciada en Biología en la Universidad Complutense de Madrid, confiesa con admiración haber aprendido y despertado a esta nueva biología gracias al profesor Máximo Sandín.

“La nueva biología derriba el viejo paradigma neodarwinista, basado en la selección natural y en la supervivencia de los más aptos”.

Al contrario que la teoría de Darwin, la nueva biología sostiene que los genes no nos determinan: “lo que realmente nos determina es el ambiente, que  es el factor que influye en la manifestación o en el silencio de los genes”, afirma Blázquez. Pero de esto, nos advierte, que se habla poco, porque en realidad lo que demuestra es que “enfermamos por influencia del ambiente y sus tóxicos, que hacen que nuestros genes actúen de una manera o de otra”. También, apostilla reflexiva, contribuyen “nuestros propios pensamientos”.

Es una mujer muy espiritual, y manifiesta creer en muchas cosas que “no podrían demostrarse”. Pero en cuanto a la nueva biología, insiste: “está basada en datos y hechos constatados, especialmente los descubrimientos recientes en embriología, genética del desarrollo y el papel de los virus”. No está basada en meras “suposiciones o asunciones, ni en cuestiones religiosas”.

Explica con frescura, como si todo lo que cuenta fuera la primera vez que lo dice, que “se conocen muy bien las reacciones moleculares”, pero todavía no somos capaces de responder a la gran pregunta: “¿cómo es posible que a partir de una célula, nuestra primera célula, se desarrolle un ser humano completo?” Solo se ha investigado sobre la materia, “falta por estudiar la energía y la información” y estos tres niveles nos pueden aproximar algo más a interpretar lo que ella llama “el gran misterio de la vida”.

Blázquez critica lo que se va a encontrar un adolescente en el aula: “Hay un abismo entre los contenidos de los libros de texto y lo que de verdad va a necesitar esa persona para conocerse y ser responsable de su salud. No es una educación centrada en la vida”. No entiende por qué en los textos escolares se muestra una sexualidad asociada “al riesgo y la enfermedad”. Y añade, siempre positiva: “la maternidad forma parte de la sexualidad de las madres y de las criaturas. De hecho, “las hormonas que se liberan durante el parto, el orgasmo o la lactancia son las mismas”.

Con una lástima propia de tener la certeza de algo que la mayoría se está perdiendo, Blázquez señala que la sexualidad se presenta reducida a “la genitalidad y al coito” como única forma de expresión de la sexualidad. Su visión es que se dedica más atención a la experiencia de la sexualidad como “riesgo o peligro del que conviene protegerse”, que a una sexualidad vivida con “la responsabilidad y la capacidad autorreguladora del organismo, el autoconocimiento y los cuidados”. Subraya con asombro que en los libros no aparece la palabra “placer”, ni se explica su importancia como parte de la vida de los seres humanos.

“El coito prematuro es más la búsqueda de cercanía y cariño de otro ser humano que el placer sexual”.

Le parece "curioso" que los libros escolares dediquen más espacio a explicar las enfermedades de transmisión sexual que a mostrar el útero, nuestro primer hábitat, el orgasmo o el clítoris. Si hablamos de otros órganos, como los riñones, los libros de tercero de la ESO muestran con detalle imágenes de cómo es la nefrona y, en cambio, el aparato reproductor femenino se presenta “de perfil y en sección”. Gesticula con especial énfasis cuando señala que “se sigue considerando el cuerpo y el placer como pecado, a pesar de que el placer fuera declarado como derecho humano universal a finales de los noventa”.

“Explican los anticonceptivos como si ya con eso se hubiera resuelto el problema de fondo que hay en los embarazos no deseados en jóvenes y adolescentes”, se lamenta. No cree que sea correcto porque "utilizar el miedo como estrategia para evitar embarazos no buscados no es efectivo”.

Blázquez recuerda con compasión el caso de Estados Unidos. Allí los embarazos en niñas menores de quince años superan la cifra anual de un millón. Los resultados de esta investigación realizada por la doctora Elisabeth MacAnarney reflejaron que esas niñas utilizaban el coito para “satisfacer su necesidad de ser tocadas y abrazadas”. “El coito prematuro es más la búsqueda de cercanía y cariño de otro ser humano que el placer sexual", explica.

María Jesús solo entiende la maternidad y la crianza ejercida “piel con piel”, como ella misma ha hecho con sus hijos. “No sabes lo importante que es criar con apego”, confiesa. Hace una pausa muy poderosa - pues ella y el silencio no parecen ir de la mano - y entonces cuenta un estudio que realizó Prescott a 49 grupos humanos de todo el mundo, y en el que encontró que aquellas personas poco afectivas con sus niños, y con muy poco contacto piel a piel, presentaban altos niveles de violencia en la edad adulta. Sin embargo, la agresividad demostró ser casi nula entre los pueblos que mantenían un contacto muy estrecho con sus  hijos.

Muy seria, Blázquez advierte de que “las consecuencias de esta falta de contacto tienen una repercusión social y una cultura basada en el egocentrismo, la violencia y el autoritarismo”. De hecho, el estudio de Prescott sostiene que, a través del contacto físico y emocional con la madre, se produce una asociación neuronal que queda registrada en los circuitos del bienestar. “Cuando no se toca y no se rodea de afecto a los niños, los sistemas cerebrales del placer no se desarrollan” asegura. Comunica y expresa con tanto amor lo que dice, que cuesta no estar de acuerdo.

EVA MAGAÑA

Editoras: Laura Marco y Cristina Polo.

Compartir con:
Share on FacebookTweet about this on TwitterEmail this to someone