INTERSEXUALIDAD

Voces silenciadas

Ser y sentir. Dos cosas tan próximas y a veces tan distantes. La escuela, los libros o la familia nos enseñan qué es ser mujer y qué es ser hombre. Cuáles son las condiciones que hay que cumplir para sentirse como tal. Sin embargo, ¿es la genética, la  apariencia o el comportamiento lo que determina cómo debe sentirse una persona? En ocasiones, la realidad es tan diversa que irrumpe y distorsiona todos esos patrones aprendidos. Y es también esa realidad la que refleja que el sentirse hombre o mujer no está determinado exclusivamente por los órganos sexuales o por el aspecto físico. Cuando Laura (nombre ficticio) cumplió un año, los médicos observaron que sus órganos sexuales externos presentaban un aspecto inusual. Poco más tarde, descubrieron que había nacido con el síndrome de insensibilidad parcial a los andrógenos (SIA). Uno de los tipos de intersexualidad más comunes que hace que se desarrollen las características físicas de una mujer, pero los códigos genéticos de un hombre. En el caso de Laura, esta no poseía ni ovarios ni útero, sino testículos internos no desarrollados. Además, su vagina presentaba una malformación y, aunque esta no implicaba ningún riesgo para su salud, fue lo que llevó a los médicos a descubrir su situación.

    “El no saber qué le pasa  a tu cuerpo… te hace sentir como un monstruo”.

Tanto los especialistas como su familia optaron por hacer lo que estuviese en sus manos para que la pequeña Laura se asemejase lo máximo posible al sexo que le había sido asignado al nacer, el femenino. Fue esta la decisión que la llevó a ser intervenida quirúrgicamente hasta en dos ocasiones, a la edad de dos y cuatro años. En la primera de las operaciones se le extrajeron los testículos, en la segunda fue sometida a una vaginoplastia. Así fueron los primeros pasos en la vida de Laura, una llegada al mundo que le sería ocultada hasta que alcanzase la adolescencia. “A los veinte años supe exactamente lo que me había ocurrido por un error del médico”, confiesa Laura todavía sin esconder su sorpresa. A pesar de haber sido sometida a dos operaciones, no fue consciente de ellas ya que las cicatrices en su cuerpo eran imperceptibles. Laura creció como una mujer tal y como sus padres y su médico querían, pero al tener la genética de un hombre, pronto su cuerpo empezó a desarrollar rasgos masculinos y a no menstruar. Hoy, a sus 36 años, reconoce que fue un momento muy doloroso: “Todo el secretismo, el no saber qué le pasa a tu cuerpo… te hacen sentir como un monstruo, los primeros años de mi vida son un borrón y no he dejado de buscar piezas para reconstruir mi historia”. Isabel Esteva, directora de la Unidad de Transexualidad e Identidad de Género del Hospital regional de Málaga, explica que para un médico es muy difícil enfrentarse a  un caso de intersexualidad. “Los que son detectados en la primera infancia son especialmente complicados, es menos dramático trabajar con una persona capaz de expresar cómo se siente”, sostiene Esteva que trabaja sobre todo con personas intersexuales adultas.

"Las cirugías de normalización sexual son operaciones irreversibles que suponen la eliminación del placer y la negación de la posibilidad de reproducción".

Para facilitar esa complicada tarea, en 2012 la Universidad Johns Hopkins (Estados Unidos) publicó una guía para médicos que recogía las pautas a seguir en el nacimiento de una persona intersexual. Concretamente, recomendaba a los profesionales de la sanidad informar a los padres y madres de que su hijo/a desarrollaría cáncer en el futuro y que la única forma de evitarlo es la cirugía. Esteva señala que, aunque no siempre es así, es una posibilidad: “A partir de los dieciséis y dieciocho años pueden aparecer tumores de origen gonadal, pero los casos que se presentan son muy diferentes”.  La doctora apunta que existen más de cuarenta variedades intersexuales y que sus manifestaciones son muy distintas. Estas cirugías de normalización son operaciones irreversibles que suponen la eliminación del placer en muchos casos, y la negación de la posibilidad de reproducción. En 2013, fueron señaladas por la ONU como un caso de tortura infantil. Daniel J. García, experto en sexualidad jurídica, opina que estas intervenciones suponen la construcción de un sexo que, en ocasiones, el individuo puede rechazar. “En esas situaciones las consecuencias pueden ir desde el estigma al suicidio”, afirma García.

Naciones Unidas sostiene que el 1,7% de la población mundial tiene rasgos intersexuales.

“Si tienes testículos y eres una mujer hay que eliminarlos, tengas la edad que tengas”, sostiene Laura, que considera que este ha sido el principal criterio a seguir para llevar a cabo la cirugía de normalización. Un protocolo muy extendido sin ningún tipo de base científica según ella. “Los médicos tendríamos que preguntarnos si nos estamos equivocando cuando asignamos el sexo a un bebe y si los estamos condicionando a que tengan que ser hombres y mujeres perfectos 100%”, reflexiona Esteva quien, además, también cree que la ciudadanía no está bien informada y sin embargo se permite opinar sobre este asunto. De hecho, hay quien considera la intersexualidad como una enfermedad rara porque no son demasiados los casos que se conocen. No obstante, Naciones Unidas sostiene que el 1,7% de la población mundial tiene rasgos intersexuales.

En España, es difícil estimar cuántos casos hay. García explica que la ausencia de datos se debe a varios factores: “El Ministerio de Economía, que es el responsable de la financiación de proyectos de investigación, ha rechazado las propuestas presentadas hasta ahora sobre este tema y a esto además se suma que es una temática desconocida e invisibilizada”. Desconocida para muchas personas debido a que, según Laura, la sexualidad sigue siendo un tabú en nuestra sociedad: “No tiene ninguna visibilidad sobre todo porque nosotros mismos no queremos que se sepa, no queremos contar nuestras historias porque lo vivimos con mucha vergüenza desde pequeños”. Y es esa desinformación la que en ocasiones hace confundir la intersexualidad con la transexualidad. “Cuando, durante la pubertad, tu genética choca con tu género se produce un conflicto de identidad súbito entre lo que has sido y lo que eres ahora, el conflicto es similar al de una persona transexual pero no es lo mismo”, aclara la doctora Esteva. Además, reconoce que en ocasiones los médicos no son inmunes a ese “caos social” fruto del desconocimiento y llevar a cabo el diagnóstico puede resultar complicado.

El de Laura no es un caso singular. La intersexualidad es una realidad tan presente como desconocida y es ese el motivo que lleva a la estigmatización de aquellas personas en estas circunstancias. Para Laura, la normalización no pasa por la cirugía sino por repetir incesantemente su historia. Sus recuerdos son los de muchas otras personas. Compartirlos tal vez ayude a entender que ser mujer no solo está determinado por los órganos sexuales. Ser mujer o ser hombre también es sentirse como tal. Laura es prueba de ello.

JULIA PASCUAL

Editoras: Ester Fernández y Eva Magaña.

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