REFUGIADOS

No nos olvidéis

Hemos huido. Ojalá pudiésemos estar en casa, pero mamá y papá dicen que, si nos quedamos aquí, nos matarán. Yo no entiendo muy bien los motivos, pero mi mejor amigo Samir, y sus padres, también han ahorrado durante meses y se vienen con nosotros. Dicen que vamos a Turquía y que, después de andar cinco días, llegaremos al mar. Al otro lado, estará nuestra nueva vida. Después papá encontrará trabajo y podremos ir al colegio con muchos niños. Espero que allí no se escuchen las bombas.

Esta historia es inventada, aunque más real de lo que debería. No tengo que ir a Turquía, ni conozco a ningún Samir. Solo estoy escuchando una charla de tres personas que, de forma voluntaria y por unos meses, dejaron atrás su vida en España y se marcharon para ayudar a miles de refugiados que viven en diferentes campos de Lesbos (Grecia).

Aquí, sus vidas nos llegan escudadas en cifras: 65 millones de personas han sido desplazadas forzosamente. Pero Isabel, Ángela y Pablo les han podido poner cara y escuchar de sus labios un “no nos olvidéis” que les repitieron hasta el último día y que, hoy, ellos nos transmiten emocionados aquí en Zaragoza.

“Personas de distintos países y culturas se ven obligadas a convivir en un espacio más que reducido”.

Tres campos de refugiados se reparten por Lesbos. Esta isla griega acarrea contradicción… Esperanza y tristeza. Europa y Oriente Medio. Futuro y pasado. Millones de personas viven allí sin saber si algún día saldrán de allí hacia su ansiado destino o deberán retornar hasta el país de origen. Parados durante meses, e incluso años. Sin trabajar, estudiar o algo en que ocupar su tiempo.

Cuentan la impotencia que se percibe en el ambiente. Y, muchas veces, la violencia. Personas de distintos países y culturas se ven obligadas a convivir en un espacio más que reducido, y no siempre se llevan bien. No obstante, suelen estar acostumbrados porque la violencia les acompaña desde la salida de este largo camino.

La historia de Samir y su amigo era inventada. Pero no lo son aquellos que viven en Lesbos y han tenido que ahorrar durante meses, e incluso años, para rozar un sueño. Europa debería ser el destino mayoritario, pero la realidad es muy distinta. Etiopía, Turquía, Líbano y Pakistán son los que se suelen convertir en sus nuevos hogares. Y los jóvenes voluntarios recuerdan un dato: “el 86 por ciento de los refugiados” es reubicado en países en vías de desarrollo.

Turquía será su primera parada. Allí, entrarán en juego los traficantes, personas que por un “módico precio” les encierran en un pequeño cuarto junto a otras cien personas durante semanas. Menos de cincuenta kilómetros separan la costa turca de la griega. Pero esa distancia puede convertirse en un infierno. Cuando vuelven a ver la luz, es para montarse en una barca, confiando su vida a unos chalecos falsos que se hunden tras una hora en contacto con el mar. Una sentencia de muerte para la mayoría, que nunca ha aprendido a nadar.

“Parece increíble que alguien pueda jugar así con la vida de otro”.

Eso ellos no lo saben. Pero Isabel, Ángela y Pablo tienen la prueba. Pasan entre los asistentes uno de esos chalecos que se han traído de su estancia en Lesbos. Y los menos de treinta que estamos escuchando, murmuramos entre indignados y apenados. Parece increíble que alguien pueda jugar así con la vida de otro. Los ahorros de meses de esfuerzo a cambio de una más que posible muerte en el mar.

Y ya saben lo que ocurre con los pocos que consiguen volver a pisar tierra… Impotencia, violencia, y meses de estar parados en un campo de refugiados. Pero, cuentan, esta tragedia también muestra “una parte esperanzadora”. Decenas de ONG y asociaciones trabajan en Lesbos para mejorar la calidad de vida de estos nuevos inquilinos forzosos. Uno de los objetivos principales: borrar el trauma que muchos tienen con el mar, donde han perdido a amigos y familiares. Este pequeño optimismo permite que la mayoría de la gente de la sala respire visiblemente aliviada entre la dureza de todo lo dicho anteriormente.

Grecia se ha convertido en territorio de nadie y de todos. Siria, Afganistán, Irak, Somalia, Sudán y Palestina, son los principales países de origen. Europa, un destino de vida que parece muy lejano. Donde soñaba llegar Samir para no escuchar más bombas. Con lo que sueñan 65 millones de personas más.

LAURA MARCO

Editoras: Ester Fernández y Cristina Polo

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